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No poder dormir es uno de los problemas que más afecta a la población. Ni contar ovejas, ni leer, ni tomar una tila consigue que estas personas lleguen a conciliar un sueño de calidad. Todos conocemos cuáles son las repercusiones que tiene en nuestra salud el hecho de no poder dormir, pero ¿cómo afecta a la alimentación? A través de este artículo te lo explicamos.
¿A quién no le gusta dormir más durante el fin de semana? Seguramente a todos, aunque a unos más que a otros. Lo cierto, es que un estudio reciente ha evidenciado que el sueño prolongado del fin de semana puede contribuir al hecho de disminuir el riesgo de sufrir diabetes. Esta investigación, se ha realizado por científicos de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos.
Dormir entre 7 y 8 horas es lo más recomendable para obtener el descanso necesario con el que afrontar el día a día. Aproximadamente el 5% de ellas, se corresponde con la fase de adormecimiento, la mitad al sueño superficial y el 20-25% al sueño profundo.
La siesta es una de las tradiciones más extendidas y placenteras del día a día. Quienes tienen la posibilidad y la suerte de poder disfrutarla, sabrán de lo que hablamos. Levantarse diariamente para trabajar y/o estudiar con el madrugón que ello conlleva, hace que después de comer echar una cabezadita sea prácticamente una obligación.
Estudiar, trabajar o simplemente el estrés, nos obligan en multitud de ocasiones a tomar un respiro. realizar una pausa es muy beneficioso para nuestro cuerpo y mente, por lo que a través de prácticas como el yoga, pilates o simplemente, dormir se puede conseguir un estado de relajación muy placentero.
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