Condenada a prisión por echar del sofá a sus padres

Condenada a prisión por echar del sofá a sus padres

A veces, el sofá de nuestra casa es demasiado pequeño como para que quepa toda la familia. Los hermanos se pelean entre sí al mismo tiempo por el sitio del sofá que por el mando de la tele, y si tienes perros o gatos, la cosa se complica.

Lo que le paso a esta pareja de ancianos podría parecer cómico, pero, lejos de la realidad, ha terminado saldándose con una detenida condenada a más de un año de cárcel. Y esa persona no es, nada más y nada menos que su propia hija.

La mujer en cuestión aceptó un año y diez meses de prisión, además de cuatro meses de trabajos en beneficio de la comunidad, por echar, literalmente, a sus padres del sofá. La razón no era otra que dejar que se subieran los perros en él. Increíble, ¿verdad?

Pero la cosa no quedaba ahí, desde que se fue a vivir en 2014 con sus padres, comenzaron más de dos años de abusos y agresiones hacia sus propios progenitores. Los insultaba, los pegaba e incluso les llegó a lanzar algunas macetas a la cabeza. Según las víctimas, les llegó a decir ``tenéis que moriros, no dais más que trabajo´´.

Sus padres, destrozados, terminaron por denunciarla, por lo que fue acusada de un delito de violencia doméstica y dos de maltrato en el ámbito familiar. En un principio se enfrentaba a una pena de dos años y medio de prisión por el primer delito y  18 meses por el segundo, aunque finalmente se redujo a un año y diez meses de cárcel y trabajos comunitarios.

Todo comenzó en mayo de 2014, cuando la acusada decidió instalarse en casa de sus padres. Desde ese momento comenzó a tratarlos de forma vejatoria, insultándolos constantemente.

En abril de 2015 empujó a la pareja de ancianos, haciendo caer a su madre contra un baúl. Un mes antes ya había arrojado varias macetas a su padre y en otra ocasión llegó a lanzarle una taza a su madre, suerte que la hija no tenía buena puntería y no sufrieron lesiones. La pena que ha aceptado, además, la obliga a alejarse de sus padres durante seis años. Esperemos que en ese tiempo pueda recapacitar y nunca más ponga por delante de sus padres a sus perros. ¡Y menos por un sofá!

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